domingo, 5 de noviembre de 2017

Confianza



Manos que dan confianza. Foto: CACP.

Suele decirse que la confianza está en la base de todo. Es fundamental para que una relación entre personas sea duradera y para que un negocio entre personas jurídicas no acabe en los tribunales. La confianza también es esencial a nivel personal. Seguro que en momentos de bajón, esos que todos tenemos y donde dan ganas de tirar la toalla, la falta de confianza ha hecho estragos en tus días siguientes. 

Dicen quienes saben del pensamiento positivo que confiar en uno mismo es la clave del éxito. Aunque aquí habría que debatir mucho, pues, a veces, para que una idea llegue a buen puerto influyen muchos otros aspectos, como la capacidad económica, por ejemplo, no es menos cierto que creer en algo hace más factible el alcanzar la meta

Si lo llevamos al terreno deportivo, aquellos equipos que van a por el partido en campo ajeno, a por la victoria aún sabiendo que puede ser un campo maldito en el que les toca competir, es de equipo grande. Eso es estar lleno de confianza, sinónimo de mandar lejos las dudas, las supersticiones y las estadísticas que puedan existir. 

Quienes saben de fútbol, a quienes les gusta el fútbol o cualquier otro deporte, más allá de los colores, la confianza que demuestran ciertos equipos sea cual sea el escenario donde les toque actuar, siempre es recompensada. La valentía acaba generando adeptos a la causa o al menos provoca que personas desconocidas se entreguen y te den un voto de confianza, porque acaban agradeciendo esa filosofía. La empatía funciona en el deporte como en ningún otro campo. Y si no lo crees, intenta hacer memoria y rememora gestas de equipos pequeños con propuestas grandes. Muchos de ellos quizás no salieron campeones en sus competiciones, pero tras los años es a ellos a quienes se recuerda. 

Esta propuesta, esta filosofía, puede ser llevada a cualquier terreno: al político, al educativo, al laboral y, por ser el hilo conductor de todo, al personal, es decir, a la vida misma. Por eso se pierden votos cuando hay casos de corrupción en formaciones políticas; por eso baja el rendimiento de los estudiantes cuando no se sabe encontrar la motivación adecuada; por eso se reduce la productividad cuando se 'premia' a los trabajadores con salarios que no están acorde a sus conocimientos y capacidades. 

Confianza, confianza y confianza, máxima que podría ser paralela a aquel "Ganar, ganar, ganar y volver a ganar" de Luis Aragonés. Por algo lo llamaban El Sabio de Hortaleza. 

viernes, 27 de octubre de 2017

Me encanta Chiclana



Vale, utilizo en el título de este artículo aquel magnífico eslogan que Pedro Pacheco, ex alcalde de Jerez, usó en una de sus últimas campañas electorales. Una vez reconocido, vamos al lío, porque, realmente, lo importante es que me encanta Chiclana.

Chiclana es una de esas ciudades que aún está por descubrir en la provincia. Su conexión con la cultura fenicia y su escasa consideración en el ámbito local es uno de esos misterios propios de Cuarto Milenio e Iker Jiménez. Mira que está cerca Cádiz para comprobar cómo explota parte de su pasado fenicio, sí, cuando era conocida como Gadir.

Chiclana tiene tradición pesquera. Sancti Petri y su poblado marinero podrían ser uno de esos lugares de peregrinación que existen en otras provincias no muy lejanas. No hay que salir de Andalucía. Pero en lugar de eso, una visita al lugar deja una imagen de abandono, de dejadez, de pérdida de oportunidades. No sé si un Bosque Pesquero u otra propuesta, pero que el enclave precisa de un revulsivo no lo puede negar nadie.

Menos mal que a Chiclana le queda el Novo Sancti Petri y sus hoteles. Menos mal. Pero también por esa zona tiene elementos como la Torre del Puerco, que en otro punto sería un importante recurso turístico más. Basta preguntar quién lo conoce y qué se ha hecho para convertir ese punto en un referente en la localidad para ver que aún queda mucho por hacer.

Chiclana huele a vino en muchas de sus calles. Incluso tiene un Centro de Interpretación del Vino y de la Sal, otro elemento este último muy ligado a esta tierra. Sin embargo, se echa en falta en esta localidad acciones en torno a sus caldos. Sin entrar en comparaciones innecesarias, al menos podría volverse la mirada a Jerez, donde se intenta potenciar la industria del vino. Jerez es consciente de que nunca rememorará el glorioso pasado, porque las circunstancias mandan, pero al menos hay momentos donde el vino reina, luce y dice aquí estoy yo, con catas magistrales y un sinfín de actividades enfocadas a vender una marca, la de los caldos, que tanto ha aportado a la imagen de la ciudad.

Chiclana también huele a acuíferos contaminados. Ingentes zonas pendientes del desarrollo urbanístico que ponga orden a una ciudad desordenada viven con condicionantes propios de otra época. Se acepta aquello de ilegales y todo eso. De acuerdo. ¿Pero alguien se ha preguntado los motivos de que las administraciones competentes, Ayuntamiento y Junta de Andalucía, mirasen para otro lado durante décadas mientras hacían caja a través de impuestos y las operaciones de compra-venta de viviendas? Uno mira el Código Penal y atina a ver algunos delitos que -presuntamente- podrían asociarse a ésta o aquella persona. Que cada cual ponga nombres y apellidos.

Menos mal que a Chiclana le quedan los buenos servicios. ¡Ah, vale, perdona! Es verdad que en la localidad faltan centros de salud, como ese de Los Gallos, que lleva casi una década cerrado como consecuencia de una mala construcción. Y no es menos cierto que para un municipio tan extenso, donde prácticamente todo hay que hacerlo en coche, hace falta equipamiento sanitario, tal y como se han encargado de denunciar sindicatos como CSIF y SATSE, así como el Partido Popular, en el caso del insuficiente servicio de unidades UVI móviles. Y hablando de servicios, mejor dejar a un lado ese tranvía que va a ninguna parte. ¡Qué pena de millones de euros!

Chiclana es turismo. Tras la caída de la construcción, qué sería de esta ciudad sin el turismo. Aunque sea muy estacional, aunque aquel objetivo de convertirse en un referente con Tecnotur cayese en saco roto, aunque los hoteles cierren en invierno, porque si no hay sol, no hay negocio. Como si La Barrosa no fuese igual de bonita más allá del verano, como si un paseo por su arena no mereciese la pena sin tener que ir necesariamente en bikini o bañador. Como si no fuese lo suficientemente atractivo disfrutar de la gastronomía local mientras llueve, a pie de playa, en un chiringuito o en esos otros buenos locales que hay en el entorno.

Como decía al principio, me encanta Chiclana. Sería recomendable poner de moda este eslogan, porque lejos de poder ser visto como una mala copia, contribuiría seguro a poner en valor la localidad, que a veces peca de cerrazón, con esa oposición a todo lo que viene de fuera, a aquello que no viene de los grupos de presión o de quienes mueven los hilos por poder económico y/o político. Me encanta Chiclana, aunque haya mucho que cambiar, aunque hay mucho trabajo por hacer. ¿Y si te lo grabas a fuego en la piel? Quizás así podría empezarse a generar esa confianza que precisa el gran reto que esta tierra tiene por delante y que se hace contigo o no llegará.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Algo pendiente


¿Para qué esperar por algo pendiente? Ni un día, ni 35 años, ni toda una vida. No tenías que haberlo dejado pasar. Por ti y por todas las personas que te han acompañado en tu viaje. 

¿Para qué esperar por algo pendiente? Así únicamente te has hecho daño a ti, al menos eso se supone. Y has dejado daños colaterales, porque de esos se dejan en la guerra y en la vida misma. Tendrías que saberlo. 

¿Para qué esperar por algo pendiente? Para qué escribir día y noche, así durante más de tres décadas, una historia de ficción. No lo entiendo, será que prefiero las historias basadas en hechos reales. Quizás algún día, aunque las cosas que no dependen de uno puede que nunca lleguen.

¿Para qué esperar por algo pendiente? Para qué sembrar la duda sobre las palabras, sobre los gestos, sobre los sentimientos. Para qué escribir renglones torcidos pudiendo (no sé si sabiendo) hacerlos rectos. 

¿Para qué esperar por algo pendiente? No sé si el precio pagado habrá merecido la pena: no poder haber mirado nunca a los ojos, no poder hablar a la cara, no haber tenido una vida real, sincera. 

¿Para qué esperar si tenías algo pendiente? ¿Falta de madurez? ¿Cobardía? Quizás lo mejor es que nadie lo recordará ni hablará de nosotros cuando hayamos muerto. 









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