viernes, 8 de septiembre de 2017

Algo pendiente


¿Para qué esperar por algo pendiente? Ni un día, ni 35 años, ni toda una vida. No tenías que haberlo dejado pasar. Por ti y por todas las personas que te han acompañado en tu viaje. 

¿Para qué esperar por algo pendiente? Así únicamente te has hecho daño a ti, al menos eso se supone. Y has dejado daños colaterales, porque de esos se dejan en la guerra y en la vida misma. Tendrías que saberlo. 

¿Para qué esperar por algo pendiente? Para qué escribir día y noche, así durante más de tres décadas, una historia de ficción. No lo entiendo, será que prefiero las historias basadas en hechos reales. Quizás algún día, aunque las cosas que no dependen de uno puede que nunca lleguen.

¿Para qué esperar por algo pendiente? Para qué sembrar la duda sobre las palabras, sobre los gestos, sobre los sentimientos. Para qué escribir renglones torcidos pudiendo (no sé si sabiendo) hacerlos rectos. 

¿Para qué esperar por algo pendiente? No sé si el precio pagado habrá merecido la pena: no poder haber mirado nunca a los ojos, no poder hablar a la cara, no haber tenido una vida real, sincera. 

¿Para qué esperar si tenías algo pendiente? ¿Falta de madurez? ¿Cobardía? Quizás lo mejor es que nadie lo recordará ni hablará de nosotros cuando hayamos muerto. 









lunes, 4 de septiembre de 2017

Aquí estoy

Joaquín Sabina, en una imagen de su página web www.jsabina.com.
Aquí estoy, sin decidirme a escribir de Joaquín Sabina y su concierto en Jerez, donde parece que muchas personas salieron descontentas. Me gusta Sabina, mucho, pero reconozco que ni me planteé acudir una vez conocí los precios. Ahora me alegro. Me gusta recordar a la gente en su plenitud. 

Así, que para hablar de mi no concierto, podría hacerlo de la infravivienda, porque es una vergüenza que a día de hoy haya quien se juegue la vida teniendo que morar en inmuebles indignos. Sólo un milagro puede salvarte de que un día se te caiga el techo encima y tengas que decir un adiós prematuro.


También podría escribir del síndrome postvacacional, aunque cada vez sea menos gente la que tiene la posibilidad de sufrirlo. Sobre todo si tenemos en cuenta que septiembre suele ser un mes donde el desempleo aumenta tras el respiro laboral que da el verano por estos lares. Ojalá fuese verano (laboral) todo el año por Cádiz. 


Otra opción de recurso fácil serían los coleccionables. Quién no se ha planteado alguna vez iniciar una colección por estas fechas, sin leer la letra pequeña, la misma que habla de más y más fascículos y de precios que aumentan tras las iniciales cuotas promocionales.


Igualmente podría hablar de la vuelta al estudio, ya sea por el inicio de un nuevo curso o por la necesidad de examinarte en septiembre de lo que un día dejaste para más adelante por falta de tiempo o de ganas. 


Y sin saber de qué escribir resulta que al final aquí estoy, echando el cierre a este artículo, mientras disfruto del silencio que aporta la noche, ya avanzada. Mientras uno intenta escribir, como si estuviese caminando, para no reventar. 


Habrá otras ocasiones para hablar de Sabina y sus motivos, de la vivienda y la Administración, del paro y todo lo que conlleva y de la formación y la necesidad de nunca parar de aprender, porque, por esta vez, me tomo la licencia de no escribir de nada y de hacerlo un poco de todo. 


Aquí estoy, sin saber qué hacer.

viernes, 18 de agosto de 2017

Si me mata un yihadista

Vida tras la muerte. / Foto: Pixabay.


Si me mata un yihadista, mientras paseo por la calle, simplemente por cometer el pecado de intentar vivir la vida junto a los míos, por favor, explícale a mi familia que mi muerte no será en vano. 

Si me mata un yihadista, aclara tú a mis seres queridos por qué no tienen que tener miedo a árabes, islamistas y musulmanes. Y si aceptas una sugerencia, implantemos Historia de las religiones como asignatura obligatoria en nuestras escuelas.  

Si me mata un yihadista, explica si puedes por qué esa persona tiene más derecho a vivir que yo, cuando es él quien no respeta los derechos y la vida de los demás. 

Si me mata un yihadista, no pongas lazos negros en las redes sociales, ni velas virtuales. Mejor endurece las leyes, traza límites a la barbarie.

Si me mata un yihadista, pero mejor antes, ofrece más recursos humanos, materiales y un sueldo acorde a su importancia a quienes velan por nuestra seguridad. A quienes corren a contramarcha cuando nos atacan y huimos, a quienes se juegan la vida por nosotros. 

Si me mata un yihadista, no me utilices para hacer política y buscar un puñado de votos, no me uses para tener repercusión en las redes sociales. 

Si me mata un yihadista, no pretendas convencer a los míos de que el mundo es un paraíso donde siempre ganan los buenos. Las utopías son eso. 

Si me mata un yihadista, no vengas a justificar que nosotros les dimos las armas y los financiamos. No digas que es culpa de nuestro modelo de vida. Yo no he comprado un futbolista por más de 200 millones de euros. Ni persigo ni echo a nadie de su tierra. Tampoco escribí ni reescribí ningún libro sagrado.

Si me mata un yihadista, no me hables de guerra santa o yihad, ni de la Reconquista. Yo no maté a ningún 'moro'. Es más, ni siquiera llamo así a las tiendas multiprecios. Ni soy infiel

Si me mata un yihadista, que tengas claro que en mi infancia jugué al fútbol con algún chico marroquí, musulmán. Lo respeté. Me respetaba. De mayor siguió con su vida. Y yo con la mía. Cada cual según su elección, según sus ideas, sin hacernos daño. En España. 

Si me mata un yihadista, que ojalá no ocurra porque seamos capaces de detener esta guerra que nos han declarado, ten claro que no será mi muerte deseada. Porque seguramente llegará antes de tiempo, cuando aún me quede mucho por hacer, mucho por vivir. 

Si me mata un yihadista no olvides que me habrá quitado la vida. Y ésta es lo más importante que puede tener una persona. Por encima de cualquier cosa. Por encima de cualquier religión. Por encima de cualquier Dios, independientemente de cómo se le quiera llamar.  


¿Te interesa este blog? Sígueme por correo electrónico